jueves 3 de abril de 2008

De mis niños

Los chicos tienen ese qué sé yo.

Llegan todos pitucos al colegio: la camisa adentro del pantalón, los cordones bien atados, la mochila cerrada, los varones con raya al costado, las nenas con peinados de princesas. Les encanta saludarte desde afuera, bajándose del auto; se mueren porque sus papás te conozcan, te saluden, te toquen bocina.

Siempre van a tardar una eternidad en formarse, hacer silencio, mirar a la bandera, entender que es nuestro símbolo patrio y que por eso se merece el mejor de los respestos. Para ellos es un pedacito de tela; es más importante el pajarito que pasó volando y se posó cerca del portón que aquella que flamea alta en el cielo. Saludan despacito, casi cantando y de memoria.

Los chicos siempre huelen bien, a chicos; siempre bailan cuando tienen que estar quietos y nunca nunca van a poder sacar puntas en el banco, sin importar el sacapuntas que tengan. Los varones odian pintar (salvo que sea la única opción antes de escribir), les cuesta subrayar con reglar y hacer letra redonda. Los varones aprietan más el lápiz y son más peleadores. Les encanta jugar a los avioncitos con las reglas y traer libros de aventuras para tener abajo del banco. Las nenas aman los colores, los collages, los sellitos y los stickers. Les encanta que las peines, que las mimes, que las abraces, que les actúes. Las nenas son el público ideal. Los nenes son el público desafiante: ese que se cree difícil pero que por adentro es un terrón de azúcar.

Me encanta los chicos. Me encanta lo torpe que son los varones con esas mochilas tan grandes, llenas de cosas. Me encanta la dulzura de las nenas, siempre atentas a regalarte algo. Me encanta que los chicos tengan vergüenza de cantar y que las nenas griten a más no poder. Me encanta que los chicos intenten ser hombrecitos y qu elas nenas jueguen a ser ladies.

viernes 4 de enero de 2008

Para Donato!!!

En realidad, no había previsto semejante lavado de cara, pero entre jugueteos y cositas, le cambié el look a mi blog. Si hablamos de simbolismos, es una forma de renovar, de regenerar y de olvidar lo que fue 2007 para mí y, dado que mi 2008 empezó mejor de lo que creí, es justo que transmita al blog.

Como verán, mantuve el fondo oscuro. Por alguna razón, me gusta así, me da sensación de lleno. Me costó, en realidad, encontrar un fondo clarito que combinara todos los colores de la plantilla así que opté por una plantilla y le cambié lo menos posible. Ustedes sabrán que soy historiadora, no artista y por eso la combinación de colores no es mi fuerte. Encontré cómo cambiar las letras (les juro que nunca me había percatado de que se podían cambiar) y le agregué un touch personal con la foto de Bariloche que saqué el invierno pasado con mi celular hecho pelota y que ya está publicada en otra entrada.

Este cambio obedece a mi naturaleza sagitariana (para aquellos creyentes en el horóscopo -no soy una-): es un impulso neto, puro e irracional.

Quiero dedicarle este nuevo corte de pelo a Donato porque inconscientemente me inspiró o, mejor dicho, me desafió con uno de sus comentarios. Bah, me dio un empujón que yo sin saber quería...

Espero que se sientan cómodos con esta nueva apariencia (pero lo que importa... es la cerveza!!! digo, lo de adentro). Muchos cariños!!!

Perdida.

- No sé...- dijo Rosario. Odiaba esa expresión. El "no sé" es para ella el mayor grado de incertidumbre y mediocridad que una persona pudiera expresar. Hablamos de seres humanos: seres inteligentes, seres capaces, seres curiosos. Un "no sé" negaba todo eso, era como negar la naturaleza misma de la humanidad. Sin embargo, Rosario se sorprendió cuando escuchó su propia voz susurrar una vez más: - No sé.-


¿Quién había sido? Sócrates, sí. Sólo sé que no sé nada había dicho él. Pero no se refería al ns/nc facilongo del siglo XXI sino a la humildad necesaria para poder emprender un recorrido por el camino de la filosofía. Y mirá que a Rosario no le gustaba nada la filosofía, pero nada de nada. Ella sabía, por más que le doliese admitirlo, que era la base que cualquier tipo de conocimiento real; hablamos de conocimiento en serio, nada de acumulaciones de datos sueltos. En fin, aquella pesada tarde de enero ella había contestado no sé.

Lo peor de todo es que no era algo que pudiese buscar en algún libro (lamentablemente). Era la respuesta a una de esas preguntas sobre uno, una de esas que deberían ser de las más claras como "¿Cuál es tu color favorito?". Nada irritaba a Rosario que la gente no supiera su color favorito. Nada la irritaba más que contestar vencida: no sé.

-No puede ser que no sepas.
-De verdad, no sé. Hace un mes sí sabía. Bah, hubiese sabido. Pero ahora...
-¿Qué me estás diciendo? ¿No lo querés ver?
-¿No me oíste? ¡No sé!

Su amiga la miraba perpleja. Rosario era de esas muejres que sí sabía lo que quería. Hace dos meses salió con alguien, a las dos semanas él desapareció y, de pronto, emergiendo de las aguas tenebrosas y profundas del misterio de los hombres, reapareció.

-Te quiere ver, ¿no?
-No me dijo. ¡No sé! Puta... no sé.
-¿Le contestaste?
-No. Todavía no. No sé qué decirle...
-Bueno, primero tenés que resolver qué querés con él. ¿Querés algo? ¿Lo extrañas?
-No, ya no lo extraño. Pero ahora que apareció... no sé. La re puta madre, no sé nada. No sé lo que tiene para decirme, no sé si imaginarme lo peor, no sé si me conviene verlo. Si lo veo, no sé si estar tranquila o hacerle saber que me hirió. No sé... no sé qué quiere él. Y no voy a saberlo hasta que yo no sepa qué quiero yo. Eso es. Primero tengo que aclarar yo qué quiero.

Rosario se quedó mirando al vacío, como meditando. Le caía una gotita de sudor por la frente. El calor porteño era insoportable. Se secó con un pañuelito y suspiró. Su amiga no dijo nada. Sabía que mil pensamientos estaban atravesando la mente de Rosario. No tenía que ordenarlos ni clasificarlos. Rosario sólo escucharía al más fuerte. Eso es impulso. Eso es instinto, corazonada, sexto sentido. Eso es intuición.

martes 1 de enero de 2008

Año nuevo!

La misa terminó, pasamos por casa y encaramos la de unos eternos amigos, los Patiño, que tienen quincho en la costa del lago. Llegamos diez y media, once menos cuarto: todavía era de día. Mayra e Inés, las dos perras negras, anticipaban el año nuevo y jugueteaban corriendo a todo lo que da por las escaleras de piedras that led to the beach. Llegamos todos juntos: Éramos cinco familias y novio, con algunos miembros lejos. No sacamos "la foto" a eso de las once. Todas las panzas hacían ruiditos.

Lógicamente, estábamos divididos en "mesa de chicos" y "mesa de grandes". La primera era la de los hijos, de 12 a 24 años y la otra era la de los padres. ¿Por qué no las llaman así, digo yo? La mesa de chicos no es de tan chicos: se descorcharon dos vinos y se sacó un vodka para hacer minitragos con jugo de pomelo. Aunque todas las mujeres eran mayores de 15 años, sólo tres de las mamás ordenaron los platos. Y si bien éramos por lo menos cinco hijos con registro, nadie ligó el auto ("No me preocupa como manejan ustedes, son los otros que toman" diría mi madre).

The stroke of midnight came too quickly. We had to toast before eating the dessert (and for that two of the younger boys had to run up the rocky stairs to the house where the champagne was being held cold). Chin Chin, feliz año! una de las perras hizo equilibrio por una cornisa para entrar por la única ventana abierta (hacía mucho frío) y esconderse bajo un banquito. Ahí supimos que había un par de petardos.

Me fui tipo 2. Me dio lástima irme, estaba linda la reunión. Pero fui a saludar a unos amigos, año nuevo es como un día de amigos, se ofenden si no los saludás...

Feliz 2008 para todos!!!

jueves 27 de diciembre de 2007

Un restaurant especial


En Bariloche tengo un lugar especial: "Hasta que llegue el tren". Es un restaurant que queda en lo que antes fue la "Sala de Señoras" de la estación de tren de S.C. de Bariloche. El ambiente es muy tranqui, la comida es exquisita y tienen un postre que bate records: Capuccino al horno.

Cuando entro a un lugar así, donde lo exótico se mezcla con lo histórico, me tiemblan las piernas. Ir a la cava, elegir el vino, degustar licor de malbec, ir al baño y ver fotos viejas, es impresionante. Pensando en voz alta puedo decir que en un lugar así puedo recuperar fuerzas. Lo exótico, lo histórico, lo original, lo nuevo, lo que regenerador, lo revitalizado. ¿Quién más que yo se sentiría cómodo en un lugar así? Yo, historiadora. Yo, anti rutina. ¿Qué mejor lugar que ese para festejar mi cumpleaños?

Cada uno tiene su lugar. Pero creo que tenemos ese lugar cotidiano, que nos banca siempre, que se aguanta las pataletas, los llantos, los besuqueos. Y están estos otros lugares, como si fuera la trinchera linda. Ese lugar donde uno se esconde y puede meditar traquilamente. Para mí es ese restaurant. Mi vista descansa, mi paladar disfruta... Me olvido del mundo de afuera, me olvido que era una estación de tren. Por un ratito, degusto. El Sauvignon Blanc se mezcla con los malfatis, ¿qué exquisitez puede tranquilizarme más?

lunes 3 de diciembre de 2007

Me caí

Últimamente, la ruta está poseada. Muchas curvas, muchas contracurvas, y a mí que me gusta ir rápido, que quiero que todo llegue, me estrello todo el tiempo... Todo el mundo sabe que chocar es doloroso. Te duele el cuerpo, te duele el orgullo, el resto de la gente no sabe cómo reaccionar: te tienen lástima, te dan una palmadita y, cuando ya chocaste varias veces, se ríen de vos y prefieren ni frenar a ayudarte. Y eso es peor.

Entonces llegué a ese punto donde no me dan ganas de seguir, ni de arreglar, ni de caminar. Pero, ¡claro! las cosas no se resuelven como por arte de magica (lamentablemente). No, no, hay que subirse de vuelta a la ruta y seguir... pero bajando un par de cambios!!!

martes 21 de agosto de 2007

Ante todo, buenos días,
buenas tardes o buenas noches,
se que mi viaje a Bariloche
fue, como toda travesía,
un paréntesis estrecho
en esta urbana vida mía.

En tantas horas de viaje
desde ya que medité
y de todo lo que pensé
en semejante peregrinaje
mi singular admiración
por semejante paisaje.

Heme aquí de vuelta,
para los que más me extrañaron
y a lo que no lo hicieron tanto,
con sonrisa risuelta
dedico estas palabras
con sonrisa desenvuelta.

Ya no sé qué es lo que escribo
ya no sé qué es lo que sueño
tampoco sé a donde miro
ni siquiera qué pienso.
Simplemente me acurruco
en este espacio bloggero.